"El héroe verdadero de El Eternauta es un héroe colectivo, un grupo humano. Refleja así, aunque sin intención previa, mi sentir íntimo: el único héroe válido es el héroe “en grupo”, nunca el héroe individual, el héroe solo" (Oesterheld, El Eternauta)
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domingo, 13 de enero de 2013

EL RELATO ORAL EN LA NARRATIVA ESCRITA: Los días del venado, de Liliana Bodoc



Fragmento del Capítulo V, de la PARTE I -  DOS VISITANTES

“[…] Cada familia husihuilke conservaba un cofre, heredado por generaciones, que los mayores tenían consigo. Aunque tenía algo menos de dos palmos de altura, y un niño pequeño podía rodearlo con sus brazos, en él se guardaban recuerdos de todo lo importante que había ocurrido a la gente del linaje familiar a través del tiempo. Cuando llegaban las noches de contar historias, volteaban el cofre haciéndolo dar cuatro tumbos completos: primero hacia adelante, después hacia atrás y, finalmente, hacia cada costado. Entonces, el más anciano sacaba del cofre lo primero que su mano tocaba, sin vacilar ni elegir. Y aquel objeto, evocador de un recuerdo, le señalaba la historia que ese año debía relatar. A veces se trataba de hechos que no habían presenciado porque eran mucho más viejos que ellos mismos. Sin embargo, lo narraban con la nitidez del que estuvo allí. Y de la misma forma, se grababa en la memoria de quienes tendrían que contarlo, años después.
Thungür (creación de Gonzalo Kenny)
Los husihuilkes decían que la Gran Sabiduría guiaba la mano del anciano para que su voz trajera desde la memoria aquello que era necesario volver a recordar. Algunas historias se repetían incansablemente. Algunas se relataban por única vez en el paso de una generación; y otras, quizás, nunca serían contadas. 
-Pienso en las viejas historias que quedaron para siempre dentro del cofre -dijo Thungür-. Si nadie las contó, nadie las oyó. Y si nadie las oyó... 

Vieja Kush (creación de Gonzalo Kenny)
-Nadie las recuerda -completó Kush, que llegaba con su vasija cargada de menta dulce-. Siempre repites lo mismo y me obligas a repetir a mí. ¡Tantas veces te lo he dicho! Cuando algo ciertamente grande ocurre suelen ser muchos los ojos que lo están viendo. Y muchas las lenguas que saldrán a contarlo. Entonces, recuerda esto, las viejas historias que jamás se cuenten alrededor de un fuego, alrededor de otro se contarán. Y los recuerdos que un linaje ha perdido viven en las casas de otro linaje.  […]” 


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lunes, 7 de mayo de 2012

SOBRE EL HÉROE


Aquiles y Briseida
El término "héroe" tiene una serie de implicaciones que transcienden el papel de "protagonista" de la novela. La literatura, desde sus inicios en los mitos, siempre ha contado con los héroes. Ya Aristóteles señalaba en su Poética que la imitación podía hacerse de tres maneras: pintando a los personajes mejores de lo que son en la realidad, pintándolos como son en la realidad o haciéndolos aparecer como peores de lo que son. Al tomar como referencia a los seres humanos para indicar las cualidades de los personajes, Aristóteles estaba ofreciendo un modelo de conducta para los espectadores o lectores. Ante los mejores es necesario admirarse, ante los iguales reconocerse y ante los peores precaverse. El héroe del mundo clásico o el del mundo medieval es un modelo de los valores que la sociedad entiende como positivos. En el héroe se encarnan las virtudes a las que los hombres aspiramos en cada momento de la historia. De igual manera, las obras literarias también ofrecían ejemplos de lo que no se debía hacer, modelos para que, con su contemplación, los hombres comprendieran lo errado de sus actos.
Superman, 1939
La vinculación entre los valores heroicos y los valores sociales es básica para comprender la transformación que se produce al llegar a la época contemporánea. Señalemos un punto de partida: para que aparezca el héroe la sociedad ha de tener un grado de cohesión suficiente como para que existan unos valores reconocidos y comunes. Sin valores no hay héroe; sin valores compartidos, precisando más, no puede existir un personaje que permita la ejemplificación heroica. El héroe es siempre una propuesta, una encarnación de ideales. La condición de héroe, por tanto, proviene tanto de sus acciones como del valor que los demás le otorgan. Esto permite que la dimensión heroica varíe en cada situación histórica dependiendo de los valores imperantes. La sociedad engendra sus héroes a su imagen y semejanza o, para ser más exactos, conforme a la imagen idealizada que tiene de sí misma. Independientemente del grado de presencia real de las virtudes en una sociedad determinada, ésta debe tener un ideal, una meta hacia la que dirigirse o hacia la que podría dirigirse.
El Príncipe Valiente
Teniendo en cuenta este principio, la existencia del héroe depende de la adhesión social a los valores, esto es, del grado de acuerdo que exista en torno a la virtud, independientemente de lo que se entienda por ésta. En la época medieval, por ejemplo, los valores eran los cristianos y se personificaban en el ideal caballeresco. Si es cierto que la existencia de los héroes depende de lo señalado anteriormente, en las épocas en que no existe esa cohesión será más difícil su presencia. El héroe tendrá entonces que luchar no sólo contra sus enemigos, sino contra la opinión de sus lectores. Tendrá que convencerles a ellos, en primer lugar, de que es un héroe.
Esta idea permitiría elaborar una gran distinción entre los héroes que han existido a lo largo de la historia: los héroes de lo establecido y los héroes alternativos o enfrentados. Los primeros son producto del acuerdo existente en torno a los valores que encarnan; los segundos luchan por sustituir a los primeros.
Sin embargo, no es tan sencillo, pues existen otros factores de gran importancia en la constitución de los héroes. Uno de carácter capital es la distancia. La creación del héroe es siempre una forma de añoranza. El héroe es el gran ausente, el que entra en la Leyenda y, por lo tanto, escapa de la realidad. El héroe es el que ya no está o nunca ha estado, el desaparecido o el que sólo ha vivido en los sueños y ficciones. La distancia permite ennoblecer a los personajes históricos y olvidar su auténtica existencia. Hace mejores a los amigos y peores a los enemigos. Purifica las intenciones de los hombres desvistiéndolas de los ropajes de la ambición y el deseo.
Diego Maradona festejando su
segundo gol ante Inglaterra
(Argentina 2 - Inglaterra 1)
Hace unos momentos, matizaba la diferencia entre las virtudes que la sociedad posee y las que cree poseer, entre la verdad y la vanidad sociales. Con los héroes, la sociedad tienen la oportunidad de fabricarse sus sueños de ser mejor. Cuando nos planteamos qué tiempos han sido mejores, miramos a sus héroes. En ellos tratamos de ver lo mejor de cada época, aunque sólo veamos sus deseos de ser de una forma o de otra y nuestras propias carencias.


Héroe y sociedad (fragmento)


lunes, 2 de abril de 2012

POP WUJ, el LIBRO DEL TIEMPO




NOTA PRELIMINAR 

"Podría decirse que la literatura indígena de América nació signada por el fuego. Así, en su Relación de las Cosas de Yucatán, escribe fray Diego de Landa: "Hallámosles gran numero de libros de estas sus letras, y porque no tenían cosa que no hubiese superstición y falsedades del demonio, se los quemamos todos, lo cual sintieron a maravilla y les dio mucha pena". Tan sistemático fue el auto de fe que, a título de ejemplo, de la civilización maya solo se salvaron tres códices, y los tres están hoy en museos de Europa. Si el Pop Wuj (o Popol Vuh, como se lo vino conociendo hasta ahora) pudo llegar hasta nosotros fue gracias a una serie de afortunados azares. Pero no quedó el manuscrito original, sino una copia no del todo fidedigna, realizada por un misionero español: el padre Francisco de Jiménez. Y junto con los documentos fueron eliminados los sabios, las capas intelectuales que atesoraban y desarrollaban la herencia cultural de las más altas civilizaciones del continente, y especialmente sus manifestaciones más complejas y abstractas. EI resultado fue un brusco y pronunciado retroceso evolutivo, que en el caso de los mayas, para peor, se insertó en un período de declinación. Ya no quedó nadie para recoger tan valioso acervo y proyectarlo hacia nuevas y fecundas formas civilizatorias. Cuando en 1690 llegó a manos del padre Jiménez, en el actual Chichicastenango, el manuscrito redactado por un escriba indígena hacia 1550, no restaba ya un Kí-chè con el nivel de conocimientos necesarios como para ayudarlo a realizar una fiel traducción al castellano. [...]
Los mitos (o la historia) de los Kí-chès habrían empezado a contarse desde su llegada a Siwán Tinimit, la actual Guatemala, ocurrida en tiempos anteriores a la era cristiana, transmitiéndose por vía oral durante siglos, hasta que inventaron una escritura propia y la volcaron en ella. Es a este libro (probablemente escrito en papel amate y plegado en forma de fuelle, con tablillas que oficiaban de tapa) al que se refiere el "prólogo" del manuscrito de Jiménez. Chávez encontró en el Museo Arqueológico Municipal de Chichicastenango una muestra de esta escritura, cuyo origen establece por una serie de elementos. Eliminados en los primeros momentos de la Conquista los que manejaban tal escritura, y suprimidos los documentos, el libro solo pudo reescribirse un tiempo más tarde gracias a la apropiación del alfabeto fonético traído por el conquistador. Desde aquel manuscrito (que también se perdió, como se dijo) hasta la copia y traducción del mismo que realizó el padre Jiménez, transcurrió casi un siglo y medio. Sin duda el fraile lo tomó como una mera curiosidad, desde que al parecer nada hizo por difundir su trabajo. Quizás pensase también, como Diego de Landa, que era cosa del Diablo. [...]
Chávez comienza rectificando el nombre del Iibro, pues Popol Vuh no significa nada en Kí-chè. Popol Wuj, en cambio, sí. Pop quiere decir tiempo, y es el nombre del primer mes del calendario maya. Wuj significa libro, papel, escritura. A continuación ataca lo cosmológico, reconstruyendo la concepción piramidal del mundo de sus ancestros por la traducción de conceptos tales como “cúspide del cielo” y “lados del cielo”. Ya en el terreno de la teodicea, propina un golpe mortal al mito de los gemelos, que tanto distorsiona el texto con imágenes grotescas, que nos muestran pares de seres realizando: siempre la misma acción, incluso algo tan singular e impensable como engendrar un solo hijo en una sola mujer en un mismo instante. En esta  traducción, los dioses y los personajes míticos no se dan en parejas. Explica Chávez que se tratan en todos los casos de meras oposiciones, de construcciones lógicas típicamente indígenas que añaden al nombre un atributo que le es propio, o el equivalente en maya del término Kí-chè. Es decir, aquí los traductores occidentales dieron un salto desafortunado, pasando de una simple dualidad terminológica referida a una misma identidad a una dualidad ontológica, inspirándose acaso en otras mitologías del continente.
"El Pop Wuj habla por y para América, es el único documento que se escapó de la despiadada destrucción", me dice Adrián L Chávez en una carta, como fundando la necesidad de que al menos su traducción al castellano se difundiera a un público mayor. [...]"

Buenos Aires,  agosto de  1986




domingo, 11 de marzo de 2012

EL MITO


Los pueblos de la antigüedad inventaron los mitos para dar respuesta a todo aquello que constituía un misterio para ellos. Así surgieron historias que explican la creación del mundo, las leyes que rigen la naturaleza y los límites que existen entre la vida y la muerte. Algunos autores, como en el caso de los griegos Homero, Hesíodo y Píndaro, recopilaron estos datos por escrito y esas versiones llegaron hasta la actualidad.
La palabra mito quiere decir “relato”. El mito es, esencialmente, una narración pero de carácter sagrado, ya que formaba parte del ritual religioso de los pueblos de la antigüedad.
Los mitos son de origen popular y se transmitieron oralmente de generación en generación antes de que se los registrara en forma escrita. Esta es la razón por la que siempre es posible encontrar diferentes versiones de un mismo relato.
Como toda narración, el mito presenta sucesos. Pero estos sucesos tienen carácter sobrenatural, es decir, hechos que exceden el mundo real y natural. Por ejemplo, los descensos de Orfeo o de Ulises al Hades (reino de los muertos) o la creación de Asgard, la morada celeste de los dioses germanos.
De acuerdo con el hecho que desarrollan, estos relatos pueden clasificarse en:


Jasón y el Vellocino de oro
    Los personajes principales de los mitos son los dioses y los héroes. Los dioses son seres de naturaleza diferente a la humana, ya que son inmortales y tienen inmensos poderes; pero según su forma, sus sentimientos y su comportamiento, se parecen a los seres humanos. Los héroes son hombres extraordinarios que están en contacto con los dioses. Siempre se destacan por algún rasgo que los hace diferentes del resto de los mortales: una fuerza extraordinaria, una gran astucia, un don especial o, incluso, un objeto que los acompaña e identifica.
Además, forman parte de la mitología seres menos poderosos que los dioses, considerados divinidades menores: como las musas o Eros en la mitología griega.
También aparecen en estos relatos los monstruos. Estos personajes se presentan de diversas maneras: como seres a los que les falta un órgano, por ejemplo los cíclopes (que tienen un solo ojo), o aquellos que tienen varios como Cerbero, el perro de tres cabezas que custodia el reino de los muertos, o pueden ser seres mixtos como las sirenas (mitad mujer y mitad pez), presentes en varias culturas, y Kukulkán (la serpiente emplumada de los mayas).
Los sucesos de estos relatos que son de carácter sobrenatural, transcurren en una época muy remota e imprecisa. Algunas historias se ambientan, incluso, antes de la aparición del hombre sobre la Tierra. Es decir que el tiempo de los mitos no es un tiempo histórico.
En cuanto al lugar, los mitos suelen diferenciar entre el mundo que habitan los dioses, el que ocupan los hombres y aquel en el que moran los muertos.
En los mitos protagonizados por los héroes, generalmente se detalla la ciudad o la región donde nacieron porque este hecho otorga prestigio a sus habitantes, que se consideran, de este modo, emparentados con ellos.


jueves, 8 de marzo de 2012

MITO CLÁSICO Y EPOPEYA


Los poemas épicos o epopeyas son obras narrativas muy extensas, escritas en verso, que antes de adoptar forma escrita circularon de boca en boca, recitadas por cantores. Relatan hazañas de héroes, es decir, de personajes consi­derados modelos en las épocas en las que un pue­blo revitaliza sus valores y su capacidad para or­ganizarse, en muchos casos midiéndose con otros pueblos y guerreando con ellos; en una palabra, cuando un pueblo toma conciencia de su identi­dad. Podría decirse que los poemas épicos regis­tran esas marcas de la identidad colectiva, de la que ellos mismos forman parte.

Los héroes de estos poemas épicos, que en al­gunos casos son sujetos históricos, adquieren una dimensión mítica: el narrador los exalta y hasta los endiosa; sus actitudes, acciones y capacidades son extraordinarias. Se los muestra como la representación máxima de lo que "debe ser" una persona comprometida con el destino de su pue­blo. En el caso de la Ilíada y la Odisea, los dioses y semidioses también participan del mundo he­roico poetizado.

La epopeya griega reúne el mito y la historia, el relato de los orígenes del hombre con el relato de la fundación de la nación.

Los héroes épicos o de las epopeyas cumplen con tareas o llevan adelante acciones que los ponen a prueba. Puede decirse que, para ellos, las acciones que realizan son pruebas. Salir victoriosos de esas pruebas es, justamente, lo que los transforma en héroes.
El descenso al Infierno como viaje al mundo subterráneo de los muertos es un hecho fundamental en el recorrido de los grandes héroes de los poemas épicos clásicos. El héroe suele ir a ese lugar buscando una respuesta, y sale de esa experiencia con un mayor conocimiento de sí mismo: de su alma o de su destino. Ese descenso al Infierno adquiere, en la literatura moderna y contemporánea, otras características, pudiendo presentarse de modo más simbólico: un personaje "desciende al Infierno" cuando pasa por una experiencia extrema, del que sale más sabio y más preparado para comprender el mundo, a los otros y a sí mismo.

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